
Hemos hablado de cómo planificar una temporada de baloncesto — las tres etapas, la visión de septiembre a mayo — y de cómo planificar una semana de entrenamiento, el microciclo que sostiene ese plan. Nos queda el último escalón, el más concreto de todos: la sesión.
La sesión es donde el plan deja de ser un documento y se convierte en lo que de verdad pasa en la pista. Puedes tener la mejor planificación de temporada del mundo, pero si tus sesiones no la ejecutan, no sirve de nada.
Y no hay mejor momento para empezar a hablar de la sesión que la pretemporada. Porque es la única fase del año en la que la sesión no mira a ningún rival. Mira hacia dentro.
Lo digo siempre: la pretemporada es el momento más valioso del calendario y el más infrautilizado. La mayoría de entrenadores la usa para «ponerse en forma». Y se equivocan.
La pretemporada no es para correr. Es para instalar: los hábitos, el modelo de juego, los principios defensivos, la cultura del equipo. Todo lo que no instales en estas semanas lo echarás en falta en febrero, cuando ya no haya tiempo para construir y solo lo haya para competir.
Por eso una sesión de pretemporada se diseña distinto a una sesión de temporada. Aquí el objetivo no es ganar el próximo partido. Es dejar puesto algo que dure todo el año. Y eso cambia según el nivel en el que entrenes.
Cuando diseño una sesión de pretemporada en categorías de formación, lo primero que busco no es enseñar sistemas. Es conocer a mis jugadores y construir hábitos.
La sesión gira en torno a la técnica individual y a los fundamentos. Mucha repetición, mucho contacto con el balón, poca complejidad táctica. No tiene sentido pedir juego de conjunto a un grupo que todavía no domina lo individual: el orden importa, y en septiembre el orden empieza por el jugador.
El trabajo físico no aparece como un bloque aparte. Lo integro dentro de la técnica y la táctica individual, para que el jugador no lo perciba como «hacer físico», sino como jugar mejor. Un buen ejercicio de pretemporada en formación trabaja coordinación, velocidad y técnica a la vez.
Y hay un ingrediente que no puede faltar: que el jugador disfrute. En estas primeras sesiones se decide si un chaval querrá seguir viniendo en marzo. La pretemporada en formación construye base técnica, sí, pero también construye ganas.
Trampa principal en formación: llegar el primer día con la pizarra llena de sistemas. En pretemporada de formación, los sistemas pueden esperar. Los hábitos, no.
En rendimiento la sesión de pretemporada cambia de foco. Aquí sí instalo sistema desde el primer día, porque el reloj competitivo aprieta y cada sesión cuenta.
La sesión se construye alrededor del modelo de juego: principios ofensivos, identidad defensiva, automatismos básicos. No espero a que el equipo esté «en forma» para empezar a pedir conceptos. Empiezo a pedirlos desde el principio, aunque sea a baja intensidad, porque quiero que el equipo termine la pretemporada sabiendo quién es.
El físico se integra, pero ya con más intención que en formación. La pretemporada de rendimiento construye la base que sostendrá la carga del año, y eso se planifica: volumen alto al principio, intensidad creciente, siempre dentro de tareas con balón y con sentido de juego.
Y hay un trabajo invisible que diseño en cada sesión: la cultura del equipo. Cómo se compite en cada ejercicio, cómo se comunica la defensa, qué nivel de exigencia es el normal. Eso no se instala con una charla. Se instala sesión a sesión, en la forma en que se entrena.
Trampa principal en rendimiento: confundir intensidad con instalación. Un equipo puede acabar la pretemporada agotado y, aun así, no saber jugar. El objetivo no es cansarlos. Es que entiendan.
En el baloncesto profesional la sesión de pretemporada suma todo lo anterior y añade capas nuevas, y rara vez la diseña una sola persona: la construye un cuerpo técnico con responsabilidades repartidas.
Sobre la base de instalar el sistema, aparecen tres trabajos simultáneos. El primero es integrar a los fichajes: jugadores nuevos que tienen que entender el modelo y encajar con el grupo en pocas semanas. La sesión se diseña para acelerar esa química.
El segundo es la gestión individual de la carga desde el primer día. En profesional cada jugador llega con un historial distinto, una curva de forma distinta y un riesgo de lesión distinto. La sesión es colectiva en lo táctico, pero individual en lo físico. El mayor enemigo de la pretemporada profesional no es la falta de trabajo: es el exceso mal repartido.
El tercero es la evaluación: la pretemporada es la primera ventana real para ver qué tienes. Cada sesión y cada amistoso aportan información que va a condicionar las decisiones de toda la temporada.
Trampa principal en profesional: aplicar a todos la misma carga. En este nivel, tratar igual a un jugador que viene de jugar todo el verano y a uno que viene de una lesión es la forma más rápida de empezar la temporada con la enfermería llena.
Con todas sus diferencias, una buena sesión de pretemporada en formación, rendimiento y profesional comparte tres cosas:
En el artículo de la temporada te dejé una pregunta para junio. En el de la semana, una para cada lunes. Aquí te dejo la que deberías hacerte antes de diseñar cada sesión de pretemporada:
¿Qué quiero que mis jugadores sepan hacer al final de la pretemporada que no sabían el primer día?
Si tienes esa respuesta clara, cada sesión empuja en la misma dirección y la pretemporada se convierte en lo que debe ser: el cimiento de toda la temporada. Si no la tienes, correrás mucho en septiembre y no sabrás por qué en febrero el equipo no responde.
La pretemporada es el único momento del año en el que el tiempo juega a tu favor. No lo gastes poniéndote en forma. Gástalo construyendo.
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En la siguiente entrega veremos cómo cambia el diseño de la sesión cuando llega la competición: la sesión en fase regular.
Si quieres profundizar en la metodología que hay detrás de todo esto, puedes leer más sobre mi forma de entender el baloncesto o sobre los servicios de entrenamiento y consultoría que ofrezco. Y si todavía no lo tienes, mi libro «Defiende o Muere Intentándolo» recoge buena parte de esta metodología aplicada a la defensa.
Sergio González Maiza — Entrenador Superior FEB · Licencia FIBA #202400852
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